Megalópolis de Francis Ford Coppola (sin spoilers)

Imagen de la película Megalopolis

Después de un tiempo queriendo ver lo último de este talentoso a la par que peculiar director, al fin he podido ver lo que él considera una de sus obras magnas, una película profundamente intimista dedicada a su ya fallecida mujer, Eleanor.

No voy hacer spoilers en esta reseña. Pero sí decir y dejar bien claro que esta obra es una fábula (la película no engaña a nadie, lo pone bien claro en el título del film). Ambientada en una ciudad de Nueva York, renombrada a Nueva Roma, en la que sus habitantes, en pleno siglo XXI, viven con las costumbres y los vicios de la Antigua Roma. Una sociedad en decadencia que vislumbra un rayo de esperanza gracias a un nuevo material, el Megalón, que va a revolucionar el mundo y cambiarlo para siempre. 

Esta fábula nos trae a personajes clásicos de la época romana a la actualidad interpretados por actores de la talla de Nathalie Emmanuel, Dustin Hoffman, Talia Shire, John Voight, Adam Driver, Giancarlo Esposito, Kathryn Hunter, Shia LaBeouf, Aubrey Plaza, etc… 

¿Qué decir después del aluvión de críticas que ha recibido este film? Denostado, repudiado, aburrido, insulso, incomprensible… son algunos de los duros adjetivos que ha recibido esta obra por una no pequeña parte del gran público y la crítica. También ha recibido alguna que otra alabanza, pero la sensación general por parte de los (pocos) que la han visto ha sido de rechazo generalizado ante lo que Coppola pretendía que fuese su gran obra final, su obra de referencia por la que ser recordado, más allá de obras maestras como El Padrino, Apocalypse Now o Drácula, entre otras. Y, si bien, Megalópolis no deja indiferente a nadie (no puede, algo que te vuela la cabeza no te puede dejar indiferente) parece que queda lejos del nivel cinematográfico de sus anteriores obras.

En parte, estoy siendo injusto. No es justo comparar una composición cinematográfica bien definida, con sus actos, tramas, guión, sentido de planos perfectamente estructurados y calibrados, con otra, Megalópolis que es una fábula teatralizada. Una obra que presentada en teatro sería una obra maestra y que presentada en una sala de cine peca de ser un elemento fuera de su entorno. Un pez fuera del agua, un cuerpo celeste fuera de órbita.

Empero, si el espectador es un amante del teatro, de las fábulas, consumidor empedernido de filosofía clásica (especialmente romana) y de la representación de actos y sentimientos mediante metáforas sacadas de las profundidades de la psicodelia… Entonces, y solo entonces, probablemente te quedes enganchado a la pantalla durante 2 horas y 18 minutos que dura esta magnífica película u obra pastiche audiovisual ante el que nos encontramos.

Si se cumplen estas condiciones, o la mayoría, recomiendo mucho su visionado y creo que te puede gustar. Si por el contrario no estás dispuesta o dispuesto a invertir el tiempo en este film, ya que no te atrae este tipo de experimentos, entonces te la puedes ahorrar y ver otra cosa que te guste y estimule más acorde con tus gustos personales.

Nota: 9/10